

Robert Mitchum fue, y es, un grande entre los grandes. Subvalorado por la crítica y sin contar con el reconociendo que se merece entre los amantes del cine, Mitchum siempre fue actor único en su especie, quien entregó grandes actuaciones en clásicos como Cape Fear y The Night Of the Hunter; por eso vale la pena revisar un poco de su cine con un programa doble insuperable. The Big Steal y The Friends of Eddie Coyle.
The Big Steal data de 1949 y fue dirigida por otro subvalorado y tremendamente talentoso, el gran Don Siegel. Mitchum interpreta a Duke Halliday, un hombre a quien primero vemos en un barco llegando a México y que está a punto de ser arrestado. Logra escapar, conoce a una hermosa chica (era que no), Joan Graham, interpretada por la guapa Jane Greer – quien ya había trabajado con Mitchum un par de años antes en la tremenda Out of the Past – y ambos se lanzan en una carrera imparable huyendo del Capitán Blake, quien había intentado arrestar a Halliday al inicio de la historia, y siguiendo a Jim Fiske, antiguo compañero de Halliday y ex amor de Joan.

El terror hoy por hoy está pasando por una etapa difícil. Cuesta cada vez más encontrar buenos títulos que nos produzcan de verdad miedo o incomodidad o que nos remitan a nuestros temores privados. Dejando de lado la serie Hostel y la interminable saga Saw (¿en qué número van ya?), que se dedican a lo más gráfico de la tortura y desmembramiento, es difícil lograr pasar miedo o incomidad con una película de terror. Es por eso que dar con Grace y Deadgirl ha sido un agrado. OK, ninguna de las dos es una gran película, pero ambas lograron incomodarme sin ser gráficos en su forma – algo que Saw lleva a extremos del mal gusto – y ambas me contaron historias bastante enfermas, retorcidas y novedosas, algo que se agradece de sobremanera.
Grace es dirigida por Paul Solet en su debut en el mundo del largometraje, y trata la historia de Madeline, una joven mujer casada hace tiempo con Michael y que su mayor sueño es tener un hijo. La vida ha querido que los dos embarazos que ha tenido terminen mal. En su tercer intento, y con ocho meses de gestación, parece que todo va a salir bien esta vez. Pero un accidente en auto le quita la vida, no sólo a su marido, sino que a su hija aun no nacida. Con una pena inmensa, decide llevar el embarazo hasta el final, cargando su hija muerta y dar a luz en la fecha supuesta para ello. El momento del parto llega y junto a él una sorpresa inmensa. La hija, al nacer, revive sin haber una razón médica para esto. Hasta aquí, todo bien. Algo de felicidad para la vida de esta pobre desgraciada que todo le ha salido mal. Pero la hija de sus sueños no es tan soñada después de todo. Poco a poco, y con una incomodidad cada vez más creciente, Madeline comenzará a notar que su hija no es tan común, en especial cuando descubra que Grace – así se llama la pequeña – no tiene intenciones de alimentarse con la leche materna, sino más bien, con la sangre de su madre. O de cualquier ser humano que ande por ahí y se preste para una pequeña donación.


Es sabido por todos – y lamentado por no tantos – que los programas dobles hoy ya no existen en los cines, aunque sí en los hogares por medio del amado y en camino a la extinción DVD (aceptémoslo, en 10 años más nadie se acordará del DVD). Sin querer, pero con muchas ganas, hace unos días y en una ciudad que se inundaba como siempre lo hace cuando llueve más de 8 minutos, armé un programa doble. Por casualidad. Sin una propuesta. Hablando por teléfono con un amigo que me pregunta qué voy a hacer ese día sábado. Mi respuesta salió de manera natural y fue: creo que haré un programa doble trash setentero. Ahí pensé, ¡ey!, no es mala idea.
Terminé programando el clásico 2 Minutes Warning y el paranoide thriller Black Sunday. Ambas de los setenta y ambas involucrando atentados en estadios repletos durante sendos partidos de futbol americano. Acepto que los programas dobles no se unían por temática, como la unión imposible realizada una vez en mi ciudad donde una película llamada el Shaolin de la mano Mortal hacía de partner de Volver al futuro.
Mal.
Aquí quiero hacer una aclaración acerca del cómo mierda llegué a programar en DVD dos películas como esas. La respuesta es que en casa hay unos 130 títulos en el formato en cuestión, muy disímiles entre ellos y que aun no he visto. Sí, unas 130 películas en DVD que no he visto, y sí, es posible que deba hacerme revisar por un siquiatra o algo así, pero tampoco es que haya matado a nadie.
2 Minutes Warning es un clásico de 1976 dirigido por el más que respetable y olvidado Larry Peerce, con un elenco de primera que incluye a figuras como Charlton Heston, John Cassavetes, Gena Rowlands, Beau Bridges, Jack Klugman y Martin Balsam. La historia es simple, pero no por eso menos efectiva. Un partido entre dos importantes equipos de futbol americano está ad portas. Hacia el estadio se dirige un variopinto grupo de personas donde podemos encontrar a un apostador que, literalmente, se está jugando la vida en el resultado, una pareja de amantes que se lleva mal pero que no pueden vivir sin el otro, un matrimonio con sus dos pequeños hijos y en el cual ella resiente que su marido haya perdido su trabajo recientemente. Si a esto le sumamos a un tipo que se instala sobre el marcador del estadio con un fusil de alta potencia y precisión, el coctel está listo para servirse.